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El déficit energético de los consumidores.

PUBLICADO EN SUELO SOLAR

  • 19diciembre 2013
  •  Autoría: Carlos Mateu de Suelo Solar
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El déficit energético de los consumidores.

Con la llegada del final del año los consumidores vuelven a observar con preocupación las noticias que hablan de un nuevo incremento de la luz que, por el momento, se calcula que puede rondar el 7%.

Los grandes problemas del sistema energético de nuestro país afectan cada vez más directamente a los ciudadanos y lo hacen no sólo en su bolsillo, sino también en su salud y bienestar.

Recientemente, volvían a aparecer informaciones de personas que en los meses de invierno malviven con un evidente déficit energético y que no pueden permitirse encender la calefacción ni en los lugares más fríos del país, recurriendo únicamente a mantas y ropa de abrigo al no poder asumir las facturas de la luz. Unas condiciones de pobreza energética que ayudan a la proliferación de enfermedades relacionadas con el frío, especialmente entre la población más vulnerable, que suele ser además la que cuenta con menos recursos. ¿Alguien considera normal que un país permita que sus ciudadanos no puedan tener unas condiciones de vida dignas por no poder pagar el recibo de un servicio básicó

En este sentido, CECU quiere poner de manifiesto la incapacidad del Ministerio de Industria para, de una vez por todas, poner solución a los problemas de nuestro país con el sector eléctrico y, en especial, con su elevado precio y su falta de transparencia. Por encima de déficits de tarifa, balances y cuentas de resultados está la salud y el bienestar de los ciudadanos y esa, desde el punto de vista de la Confederación, debería ser siempre la principal preocupación de las administraciones, poniéndola por encima de otras circunstancias y políticas.

Una solución que, desde el punto de vista de CECU pasa por la utilización de los importantísimos recursos económicos de que dispone nuestro país y que se encuentran absolutamente desaprovechados. Recursos y energías renovables como la del sol, el viento o el mar, que son gratuitas en origen y para las cuales sólo hace falta el interés y el compromiso de las instituciones: interés por esa riqueza energética que estamos desperdiciando; compromiso por cambiar un sector energético ridículamente caro y descaradamente opaco, cuya situación oligopólica está permitiendo condenar a millones de personas a un invierno de frío y enfermedad.