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Un pulso equivocado de Iberdrola tras el que Soria no puede esconderse.

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EDITORIAL

Un pulso equivocado de Iberdrola tras el que Soria no puede esconderse

Actualizado: 20/02/2014 02:51 horas

EL ANUNCIO del presidente de Iberdrola de que reducirá al mínimo sus inversiones en España como consecuencia del impacto que ha tenido en las cuentas de la compañía la reforma eléctrica del Gobierno es un gravísimo error. Decir en Londres, y ante inversores internacionales, que prefiere concentrar sus inversiones en países «que disfruten de una regulación predecible y estable» es un golpe sin precedentes a la credibilidad del país. Afirmar, como hizo Sánchez Galán, que en la compañía son «más británicos, brasileños y mexicanos que españoles», con el argumento de que allí avista ya más negocio, también.

Estamos ante un ataque injustificable al Gobierno; no porque no haya que criticarlo -de hecho, creemos que el ministro de Industria se ha equivocado gravemente-, sino porque se hace a costa del deterioro de la imagen de España en un momento especialmente delicado. Hay que tener presente que grandes fondos de inversión del Golfo Pérsico y de EEUU han demandado al Estado por los cambios en el sector eléctrico. Pero además, Sánchez Galán ha sido injusto: si ha podido hacer grandes inversiones en el extranjero en los últimos años ha sido, en gran medida, gracias al negocio que hacía aquí, en un sector en el que, en la práctica, la competencia está muy limitada. Además, a alguien que como él ha participado en la promoción de la Marca España, cabe exigirle coherencia.

La reacción de Moncloa ante esta insólita declaración de guerra ha sido acusar a Sánchez Galán de «mentir» y de «hacer daño». El Ejecutivo puede esgrimir, con razón, que en España no hay inseguridad jurídica y que con declaraciones así se ponen en riesgo grandes inversiones. Si Sánchez Galán pretendía poner sobre la mesa el problema de la generación de energía y su coste en España que, en efecto, sigue sin resolverse, debería haber escogido otro foro y otros argumentos.

Dicho todo esto, el Gobierno y, particularmente el ministro de Industria, no pueden esconderse tras esta polémica para seguir demorando una solución definitiva al problema energético. Soria se ha centrado casi exclusivamente en tratar de resolver el problema del déficit de tarifa, cuando el asunto requiere una visión de conjunto. España es, entre los países de su entorno, el que paga la electricidad más cara, lo que repercute directamente sobre la competitividad de las empresas. Pero además, en medio de una crisis tremenda, los hogares han visto cómo seguía incrementándose el recibo de la luz.

Respaldado por la mayoría absoluta, Soria tenía que haber acometido una profunda reforma energética con un objetivo fundamental: garantizar un coste razonable de la electricidad. Pero además, tenía otros retos, como clarificar cuál es el coste del kilovatio, acabar con la maraña regulatoria y simplificar la información al consumidor. Lejos de ello, el déficit tarifario sigue sin resolverse y ahora se nos anuncia un sistema de contadores inteligentes que obligará a cambiar más de 20 millones de medidores sin saber muy bien para qué.

Las manifestaciones destempladas de Sánchez Galán han puesto, en el fondo, el dedo en la llaga, que no es otro que el fracaso de Soria al frente de Industria.